En la frontera de la vulnerabilidad

Es extraño adentrarse por las carreteras vacías que rodean Igualada, como si hubiésemos retrocedido siglos, cuando las epidemias diezmaban a la población. Pero hasta este pequeño almacén situado en las afueras de la ciudad han llegado Núria y David, dos voluntarios de Cruz Roja que atienden a personas mayores que necesitan el suministro de productos básicos. Si Igualada se encuentra en la frontera entre la calma y la incertidumbre, Núria y Eric transitan cada día por otra frontera, más invisible, pero igual de real: la frontera de la vulnerabilidad.

“Durante el confinamiento los días pasan a un ritmo pausado. Al mirar por la ventana siempre veo el mismo paisaje. Cada día tengo la misma rutina y no es muy entretenida.” Así describe Teresa sus días durante el confinamiento. Teresa tiene 84 años y vive sola en un pequeño piso en Sant Cugat del Vallès. Lleva más de un mes confinada en su domicilio, situado en el centro del pueblo. Cuando en el telenoticias escuchó que en pocos días se iba a declarar el estado de alarma y el confinamiento obligatorio, decidió ir a comprar algunos productos de primera necesidad, pero al no tener recursos económicos tan solo pudo comprar comida para no más de diez días.

Teresa cobra una pensión de 600 euros al mes, de los cuales 300€ los gasta en el alquiler de su pequeño piso y más de 200€ los destina a gastos de luz, gas y otras facturas, según cuenta. Esto la deja en una situación de extrema vulnerabilidad, pues el dinero que puede destinar a productos de primera necesidad es muy escaso. Es por esto por lo que Teresa decidió pedir ayuda a los servicios sociales del Ayuntamiento de Sant Cugat. Eric i Núria son los encargados de Cruz Roja de traerle los productos de primera necesidad que precisa. Hoy le entregan un kit de limpieza de casa, con productos como lejía y jabón para lavar ropa. 

Núria y Eric entregan el kit de limpieza del hogar a Teresa en su domicilio de Sant Cugat.

"Lo hago por solidaridad y compromiso, pero en el fondo también lo hago por egoismo, suena mal decirlo así pero es la verdad"

Núria lleva más de 20 años colaborando con Cruz Roja Sant Cugat y, según dice, normalmente suele asistir al voluntariado dos o tres veces al mes, pero con la situación actual está colaborando más de tres días a la semana. Se dedica al proyecto de asistencia a domicilio de población de riesgo. “Durante estos días hago esto por solidaridad y compromiso, pero en el fondo también lo hago por egoísmo, para poder hacer algo y, si además lo que hago nos ayuda a salir de esta, pues mucho mejor. Queda un poco mal decirlo así, pero al fin y al cabo es la verdad,” dice Núria. Lleva más de 25 años involucrada en proyectos de la ciudad como por ejemplo el grupo “Diables de Sant Cugat”, entre muchos otros. Por otra parte, Eric tan sólo lleva tres meses como voluntario en Cruz Roja. Es más reservado que Núria, pero muestra una dedicación admirable. Durante los primeros dos meses solía asistir entre dos y tres días al mes a Cruz Roja, pero ahora dedica 3 o 4 días a la semana a ayudar en las visitas a domicilio.

Soledad, miedo, debilidad e incertidumbre. Estos son algunos de los sentimientos que durante estos días abordan a la gran mayoría de personas mayores ante la crisis sanitaria producida por el Covid-19 y el consecuente estado de alarma y confinamiento en el que vivimos sumergidos. Son días complicados, cada uno se enfrenta a sus problemas e incertidumbres, pero hay un colectivo especialmente debilitado y vulnerable, la gente mayor. “Es complicado porque se que no puedo salir de casa para nada. La gente más joven puede ir a comprar, pero yo si pillo el bicho me será mucho más difícil curarme que una persona joven” dice Teresa.

La tasa de mortalidad del Covid-19 entre personas de entre 70 y 79 años es del 8%, y entre personas mayores de 80 años la mortalidad alcanza el 15% en España.

 

Teresa tarda unos segundos en abrir la puerta, cuando finalmente gira el pomo, se esboza una sonrisa en su rostro. Núria le pregunta cómo está llevando el confinamiento. “Vamos haciendo,” responde ella. Tiene un dedo de su pie izquierdo vendado. Según cuenta se cortó haciéndose las uñas hace unos días, y ahora le duele al caminar. Se ayuda de un caminador para acercarse hasta la puerta a recoger el kit. No lleva mascarilla ni guantes. Con una muestra de agradecimiento, acepta el kit de limpieza que Eric ha dejado justo enfrente de su puerta, para evitar el contacto directo.

 

Los productos de limpieza que hoy se le entregan a Teresa provienen principalmente de donaciones. Todos estos productos se recogen y organizan en una nave industrial ubicada en La Pobla de Claramunt, cerca de Igualada. El pasado día 3 de abril, David y Núria, ambos voluntarios de Cruz Roja Sant Cugat, fueron a buscar dos palés repletos de productos de alimentación e higiene al centro logístico. Una vez transportados hasta las instalaciones de Sant Cugat, estos productos se organizan en kits de diferentes tipos: kits de higiene personal, kits de alimentación (también para celíacos), y kits de limpieza del hogar, como el que se le ha entregado a Teresa.

David y Núria, voluntarios de Cruz Roja Sant Cugat, recogiendo material solidario en el centro logístico de Cruz Roja Cataluña.

Teresa es una sufridora nata, en su piel se aprecian marcas de vejez y en sus palabras se esconde un sentimiento de frustración e impotencia. “A mi el coronavirus no me va a matar; yo ya me fui el día que me mataron a mi hija”, dice con una mueca de dolor. “Una madre vive para sus hijos y, si te matan a los hijos, ¿para qué vives entonces?”. A pesar de su tristeza al hablar sobre su hija, Teresa se despide de Núria y Eric con una sonrisa de gratitud y unas palabras de ánimo. “Gracias, majos”, dice con una sonrisa justo antes de cerrar la puerta.

 

Núria y Eric se dirigen ahora a casa de Jaume, un anciano que vive a pocas calles de Teresa, y que ha dado positivo por Covid-19. 

Esta es una visita fugaz. Solo deben recoger la basura en la puerta de su domicilio. Jaume ha dejado seis bolsas justo delante de su puerta. Son más bien sacos, todos ellos llenos hasta arriba. Es de suponer que hace días que nadie le viene a recoger la basura, puesto que él no puede salir a la calle. Para transportar las bolsas, Eric y Núria las ponen de dos en dos dentro de sacos más grandes, para evitar el contacto con la superficie que ha tocado Jaume. Después, bajan por turnos en el ascensor para poder respetar la distancia y evitar cualquier tipo de contacto. Una vez en la calle, se dirigen al contenedor más cercano. “A veces esto es un poco palo, pero hay que hacerlo”, dice Núria mientras se esfuerza para poder meter los sacos dentro del contenedor.

Núria y Eric recogiendo las bolsas de basura en casa de Jaume.

"A día de hoy hemos recibido 128 solicitudes de nuevos voluntarios, y numerosas empresas de la zona se han ofrecido para colaborar con nosotros"

Durante estos días Cruz Roja Sant Cugat está dando asistencia a más de 1.100 ancianos y ancianas de la población y de Rubí en situación de extrema vulnerabilidad. Entre estos 1.100 beneficiarios de las ayudas que ofrece la institución se encuentran las personas que ya recibían ayuda a domicilio anteriormente, y se suman las nuevas incorporaciones motivadas por la crisis del coronavirus. Para hacer frente a esta complicada situación, Cruz Roja cuenta con un gran número de voluntarios que ayudan de forma habitual y, durante las últimas semanas también ha habido un gran incremento en las peticiones para poder ser voluntario de Cruz Roja. Así lo explica Xavier Royo, coordinador de Creu Roja Sant Cugat – Rubí:“Hemos notado un gran incremento en el número de gente que quiere ser voluntaria, y también en materia de donaciones, tanto personales como por parte de empresas”. A día 22 de abril, en las instalaciones de Sant Cugat, han recibido 128 solicitudes de personas que quieren colaborar como voluntarios.

En todo el territorio catalán más de 110 empresas se han ofrecido para colaborar con Cruz Roja. El ayuntamiento también está siendo un factor muy importante, ha hecho aportaciones económicas y está ejerciendo de intermediario entre empresas que quieren colaborar y la ONG. Así mismo el ayuntamiento y Cruz Roja siempre han mantenido líneas de colaboración, más allá de la crisis del coronavirus. “En referencia a los nuevos voluntarios que se han unido estos días, tenemos que reconocer que son imprescindibles, ya que una gran parte de los voluntarios habituales son personas mayores de 60 años, y durante estos días no nos pueden ayudar porque son población de riesgo. El incremento de voluntarios, según nos cuentan nuestros compañeros repartidos por todo el país, se está dando a nivel nacional”, concluye Xavier Royo, coordinador de Cruz Roja Sant Cugat – Rubí.

Resumen del plan "Respon" de Cruz Roja Cataluña para ayudar a la población en situación de extrema vulnerabilidad frente a la crisis del coronavirus.

Núria i Eric se dirigen ahora a casa de Maria Dolors, una mujer que vive en el barrio de Valldoreix, cerca del Hospital General de Catalunya. Maria Dolors vive en una pequeña casa que hace esquina, rodeada por viviendas de lujo que se han apropiado del antiguo paisaje rural de la zona, por lo que su domicilio destaca por su austeridad.

 

La casa se ve vieja y la pintura exterior deteriorada, que contrasta con la personalidad de Maria Dolors, pues se presenta como una mujer alegre y viva. Maria Dolors no quiere desvelar su edad. “Me siento demasiado vieja si te digo cuantos años tengo,” dice. En su cara se esboza una sonrisa a cada frase que pronuncia mientras le explica a Núria cómo está llevando el confinamiento. “Hace ya más de un mes que no salgo de casa. El primer día fui al supermercado a comprar un poco y ya me encerré en casa. Aún puedo conducir y tengo coche, así que siempre que puedo me las apaño sola, pero estos días no puedo salir de casa,” comenta. Al igual que Teresa, Maria Dolors se encuentra en una situación de vulnerabilidad. Sus ingresos son muy bajos y compra la comida gracias a las ayudas sociales del ayuntamiento.

Hoy Núria i Eric vienen a hacer la lista de la compra, pues Maria Dolors no puede salir de casa para ir al supermercado y son los voluntarios de Cruz Roja los que se encargan de hacerla.  Disponen de una “tarjeta monedero”, una tarjeta de crédito dotada de seis euros diarios y repartida por los servicios sociales del ayuntamiento. 

 

Con esta iniciativa el ayuntamiento trata de evitar que nadie se quede sin acceso a productos de primera necesidad. Núria apunta los productos que le pide Maria Dolors, principalmente comida. Fruta, algo de verdura y un poco de carne roja. Núria se sorprende cuando Maria Dolors le pide “sopa avecrem para los gatitos de la calle”, a lo que Núria responde: “Señora Dolors, no podemos gastar el dinero de las ayudas en comida para los gatos de la calle”. Maria Dolors, decepcionada, propone a Núria que le retire alguno de los productos que ha pedido para ella e incluya la comida para los gatos: “Pobres gatos, no tienen nada para comer, yo siempre que puedo les pongo un poco de avecrem y así también me vienen a ver,” dice con un tono triste.

"Hace ya más de un mes que no salgo de casa, el primer día fui al supermercado y ya me encerré en casa"

​Núria y Eric haciendo la lista de la compra para Maria Dolors, que se asoma por la puerta del patio de su pequeña casa.

"El otro día se nos murió una amiga de La Llar, tenía la misma edad que yo pero había dado positivo por coronavirus"

Durante estos días dice que no se ha sentido sola. Domina suficientemente su teléfono móvil para poder hacer llamadas y videoconferencias con sus amigas de “La Llar”, un centro de día al que suele acudir durante el año. Allí da clases de costura y esto ha hecho que haya formado una red de amistades que se ha convertido en su pilar emocional durante estos días. “El otro día se nos murió una amiga de La Llar. Tenía la misma edad que yo, pero había dado positivo por coronavirus. Es una pena, la conocí en la clase de costura”, dice con la voz rota. También suele estar en contacto con sus antiguas compañeras de trabajo del hospital, pues antes de jubilarse trabajó como enfermera. Es por este motivo que dice ser perfectamente consciente de la gravedad de la situación actual.

Finalmente, Eric y Núria se despiden de Maria Dolors afectuosamente y ella entra sin prisa a su domicilio cruzando el patio lentamente. Ahora los voluntarios ponen fin a su jornada matutina y se preparan para afrontar la segunda parte del día. Por la tarde deberán ir a hacerle la compra y después atenderán a más personas en sus domicilios. Y así tres o cuatro días a la semana. Y lo hacen porque consideran que deben hacerlo. No esperan un “gracias” al final de cada día. Por la noche vuelven a casa y descansan, en la medida de lo posible, y se preparan para afrontar otra jornada. Y así día tras día, semana tras semana, hasta que todo esto acabe.

Consulta este link para conocer todas las iniciativas que Cruz Roja Cataluña está llevando a cabo para ayudar a la población más vulnerable durante el confinamiento.

Texto y fotos: Quim Riera

La tercera marcha. 2020

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